Cuentas pendientes

Se levantó de la cama con la imperiosa necesidad de zanjar la cuenta pendiente que tenía con el trastero. Sacó lo útil y lo inservible de ese zulo, tiró lo que no valía, compró unas escuadras y unos tablones e hizo unas estanterías tan endebles como prácticas. Ordenó casi alfabéticamente los trastos y antes de poder sentirse satisfecho del trabajo realizado divisó en la esquina la pintura azul. La misma pintura que necesitaría para camuflar los agujeros de la habitación del bebé. Cogió la masilla y tapó los agujeros al mismo tiempo que tapaba las pruebas de su fracaso. Se acercó a la ferretería, compró un rodillo y antes de salir vio en una estantería un organiza-cables que también compró. Pintó los lunares blancos de masilla con la pintura azul. Después fue al mueble de la televisión. Desconectó todo, lo volvió a conectar de una forma ordenada. Ahora apenas se veía algún cable. Tomó distancia para observar su obra. Había quedado bien, pero justo encima del mueble se había despegado la moldura de escayola que lucía el falso techo, insignificante, a penas unos milímetros. Su mujer, muy observadora, se lo había advertido mil veces, pero el nunca se había percatado hasta ese momento. Cogió de nuevo la masilla y tapó la grieta. Dejó que secara  mientras arreglaba la cisterna, que hacía semanas perdía agua. Se solucionó con solo abrir la tapa. De haberlo sabido lo hubiera hecho antes. Una vez seca la masilla la lijó. Quedó bien. Sudoroso, sucio y cansado pensó en meterse en la ducha. Antes quiso revisar el correo electrónico. Cogió el ordenador. Se fijó en el escritorio. Era un desastre, iconos por todos lados. Hizo limpieza de iconos, vació la papelera de reciclaje, le pasó el antivirus y l reinició la computadora. Parecía un ordenador nuevo.  Leyó el correo. Solo tenía uno relevante, era de su mujer. Decía:"Hoy que tienes el día libre aprovecha para descansar y entre descanso y descanso échale un vistazo a la cisterna, que cada día pierde más agua. Nos vemos a la noche. Te quiero." El contestó:"Yo también te quiero". Abrió el grifo de agua caliente y  puso el tapón de la bañera. Mientras se quitaba la ropa sintió un absurdo sentimiento de orgullo. Comprendió el significado de ese sentimiento y sonrió. Metió un pié en la bañera. Al meter el otro pié resbaló. Cayó encima del grifo, golpeándose en la cabeza y quedando sumergido. La sangre rápidamente se confundió con el agua. Se ahogó en su propia sangre. Cuando su mujer lo encontró, aunque sin vida, continuaba sonriendo.

2  :

etringita dijo...

Jorge miente, y escribe, y fotografía, y enamora.

Jorge Miente dijo...

:*

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Escribe lo que quieras, seguro que no es tan absurdo como lo que he escrito yo.

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