Algunos hombres buenos

A los románticos como yo se nos gana fácil con eslóganes poéticos e idealistas. Somos fáciles de agitar y servimos con gusto a cualquier revolución que nos prometa imposibles, porque creemos que lo imposible se consigue aunque se tarda un poco más.
Somos perdedores empedernidos que idealizamos un Mayo del 68 que no existió.  Agitamos pancartas, gritamos y nos creemos en la verdad más absoluta, hasta que cambiamos de opinión.
A la mínima oportunidad montamos la Guillotina en la plaza del pueblo y con la misma facilidad conmutamos la pena al reo, porque somos por encima de todo humanistas.
Somos esa clase de personas que se identifican con el significado clásico de ciudadano.  Somos abagodos, enfermeras,  cajeras del Mercadona, maestros de pueblo y recolectores de trigo.
Somos un puñado de gente buena con más intención que recursos. Intentamos no hacer daño aunque a veces lo deseamos con todas nuestras fuerzas. No creemos en abstractos dioses ni en lejanos profetas, pero creemos en términos como libertad, igualdad y fraternidad.
Somos empáticos por naturaleza y eso nos hace caer en contrasentidos, pero siempre terminamos al lado del débil. Somos personas acostumbradas a encajar golpes y devolver sonrisas. No creemos en la caridad, creemos en la justicia e intentamos ser justos aunque se nos vuelva en contra. Nacemos, vivimos y morimos como cualquiera, pero nuestro fin último siempre es que la balanza se incline, por mucho, en lado de las cosas buenas.

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Escribe lo que quieras, seguro que no es tan absurdo como lo que he escrito yo.

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